¡Nadie duerma! ¡Nadie duerma! Tampoco tú, oh Princesa, en tu frío cuarto miras las estrellas que tiemblan de amor y de esperanza... ¡Pero mi misterio está encerrado en mí, mi nombre nadie sabrá! sólo cuando la luz brille (Puccini:No, no sobre tu boca lo diré,) Sobre tu boca lo diré temblando (Puccini: ¡cuando la luz brille!) Y mi beso romperá el silencio que te hace mía.
Su nombre nadie sabrá... ¡Y nosotras, ay, deberemos, morir, morir!
Te amé incluso antes de que nacieras, sin conocerte pero sintiéndote, sin mirarte pero conociéndote, te amé porque supe que en algún lugar existías, y ahora además de amarte, puedo adorarte.